Entregarse al compañero y animarse a improvisar son algunas claves que desarrolla “La pista del abrazo”, un nuevo libro sobre el “tango salón” que también enumera códigos, estrategias y sugerencias para lucirse en la milonga.

Se trata del primer libro que se publica en los últimos 90 años sobre la danza del “tango salón” que, a diferencia del “tango show” o “de escenario”, se baila “a tierra”, acariciando el piso, sin figuras ampulosas ni acrobacias.

“Es la primera vez que un libro habla de la improvisación y de la entrega en el tango”, dijo a Efe el autor, el bailarín y profesor de tango Gustavo Benzecry Sabá, quien hace dos años publicó un “Glosario de la danza de tango”.

El experto explica al detalle los pasos básicos, los “ochos” (desplazamientos pivoteados) y los giros que todo buen bailarín debe saber para salir a la pista en una “milonga”, como se denominan en Buenos Aires a los salones para bailar tango.

También es importante la postura, estar “bien plantado”, y lucir bien: “La elegancia, la actitud y la intención de baile no son elecciones de los bailarines, sino obligaciones”, sostiene el autor.

Pero lo realmente determinante es el abrazo de la pareja, que no obliga al compromiso sentimental.

“Desde el momento en que la pareja se abraza existe un acuerdo tácito, una renuncia y a la vez una doble responsabilidad: él pondrá la atención a cambio de que ella ponga la entrega”, dice Benzecry Sabá.

En el tango, el varón guía y la mujer se deja llevar, una regla básica que, aseguran los milongueros, está lejos de ser una imposición machista.

Más allá de la técnica, “La pista del abrazo” satisface la curiosidad de quienes ignoran las complejas reglas no escritas del mundo de la milonga, un universo que está en plena transición entre los “ortodoxos” y los “revolucionarios”.

“Los códigos se respetan generalmente en las milongas tradicionales, con milongueros de mediana edad en adelante; en las milongas modernas, con mayor porcentaje de bailarines menores de 30 años, casi no se cumplen”, reconoce Benzecry Sabá, que compiló 36 normas que reglan el comportamiento en el salón.

El código más estricto reside en saber bailar: a la pista no se va a aprender, se va a exponer lo ya aprendido, y por lo tanto no es lugar para ensayos, lecciones o correcciones.

Como los salones suelen ser pequeños, los bailarines deben ser diestros en el manejo del espacio, resguardarse de chocar y ser chocados y conocer que la pista está compuesta por líneas virtuales que forman carriles por donde deben circular las parejas.

Las parejas se desplazan hacia adelante en el sentido contrario a las agujas del reloj, seguidas por otras, y todas giran hacia la izquierda del varón tras llegar a la esquina.

Los novatos bailan hacia el centro de la pista, mientras los más avezados lo hacen por las orillas, donde hay una mayor exhibición.

Es el varón quien invita a bailar a la mujer -nunca a la inversa-, mediante un ladeo sutil de la cabeza, miradas o guiños.

Si la mujer desea bailar, asiente con la cabeza y se dirige a la pista; si no quiere, gira la cabeza y cambia la dirección de la mirada con disimulo.

La mujer que se sienta a una mesa con un hombre o que llega al salón acompañada indica que se encuentra comprometida y tiende a ser descartada por los otros milongueros, que no la invitan a bailar.

El libro también ofrece una docena de estrategias para potenciar las posibilidades de bailar.

La mujer debe lucir seductora, sentarse siempre en el mismo lugar, en lo posible sobre el borde de la pista, para ser vista por los hombres.

Como un bailarín siempre elige una buena bailarina, si la mujer no es habitual le conviene ir con un amigo que la saque a la pista para demostrar cómo baila y luego sentarse en mesas separadas para que otros la inviten.

Benzecry Sabá también reseña una decena de sugerencias, como bailar con zapatos, nunca con zapatillas, y de tacones altos para el caso de las mujeres.

“La milonga es un templo. Y uno no va a una boda en una iglesia en zapatillas y vaqueros. Hay que adaptarse al lugar adonde se va. Si se va a una milonga para jóvenes, se puede ser más flexible, pero no se puede ir a una milonga tradicional con una camiseta que diga ‘Viva el anarquismo'”, considera el autor.

Fuente: Natalia Kidd / EFE