Foto: EFE Todo lo que soñamos es realizable. Esa frase de Eugene Ionesco condensa el alma del proyecto “Mr. et mme. Rêve”, de Marie-Claude Pietragalla y Julien Derouault, una creación singular no solo por su sentido del ritmo y del gesto, sino por ser la primera realizada en “una caja mágica” en 3D.

El espectáculo, que se estrenará el 12 de marzo en París, en el teatro Grand Rex, es, según explica a Efe el matrimonio Pietragalla- Derouault, la prueba física de que la tecnología puede conseguir “cualquier cosa que uno imagine en un escenario”.

“Es un desafío de locos”, apostilla riéndose Mehdi Tayoubi, vicepresidente del departamento de desarrollo digital de Dassault Systemes y responsable del equipo de 19 ingenieros que ha trabajado un año entero en transformar herramientas pensadas para la industria en “irrealidad virtual”, un “espejo de Alicia” que hace creer al espectador que está atrapado en un mundo sensitivo paralelo.

Desde que Merce Cunningham (1919-2009) utilizara en los 70 el vídeo como decorado, han sido muchos los artistas que han integrado las imágenes y la realidad virtual en la coreografía, como los propios Pietragalla y Derouault hicieran en 2008, en “Marco Polo”, convirtiéndose en los pioneros en usar animaciones que “respondían” a los bailarines.

Fueron ellos los que propusieron a Dassault Systèmes, especializada en soluciones en 3D, trabajar en la obra de Ionesco (1909-1994) y transcribir su universo dramatúrgico y surrealista a “bits” inventando un nuevo lenguaje escénico.

“Era muy difícil de partida porque era conjugar dos competencias muy distintas, la artística y la tecnológica”, subraya Tayoubi, que no quiere revelar el coste del proyecto aunque acaba admitiendo que ha costado “menos de un millón de euros”.

Dassault decidió crear un laboratorio de realidad virtual para experimentar en distintas posibilidades porque nunca antes habían trabajado para un espectáculo en directo.

“Había que hacer una nueva ‘caja mágica’ que se mimetizara con el espacio donde se instalara pero, sobre todo, con el ‘espacio y volumen’ de dos bailarines ‘vivos'”, dice.

El “invento”, que, en síntesis, es un software proyectado en una superficie especial que permite recrear con un ordenador cualquier escenario imaginable en 3D, funciona, tal y como pudieron comprobar los invitados a su preestreno y que, hasta su estreno oficial el año próximo, se “rodará” en un gira por Francia.

“Una experiencia en 3D no es algo simplemente visual, sino sensitivo. La energía se transmite y rodea al espectador. Este espectáculo es una historia multidimensional, una mezcla de muchas cosas que da lugar a algo muy interesante”, en opinión de Derouault.

La dislocación de la realidad hace que lo onírico se convierta “en algo tangible”, agrega Pietragalla, entusiasmada con haber sido capaz de crear “algo tan fantástico e insólito”.

La “caja mágica” tiene muy bien puesto su nombre, dice, porque lo que se consigue con ella “va más allá de cualquier expectativa”.

“Uno tiene la sensación de que puede hacer cosas increíbles y que siempre se puede pedir un poco más aunque es importante que la tecnología sepa cómo desaparecer, hacerse invisible para dejar sitio a la emoción”, matiza.

El trabajo de preparación ha sido “duro” porque, interviene Derouault, el cuerpo “no es un robot” y no repite siempre de la misma forma los movimientos, así que la captura de sus evoluciones para luego “replicarlas” en el ordenador o acompasar las proyecciones a la música fue “un continuo pim-pam de intercambio de información”.

Gael Perrin, director artístico y colaborador de Tayoubi durante 14 años, ha diseñado los decorados de cada escena y Benoît Marini ha coordinado a los especialistas en realidad virtual “inmersiva e interactiva” para construir la “caja mágica”.

Pietragalla, que fue bailarina estrella de la Opera National de Paris y directora del Ballet Nacional de Marsella y fundadora junto a su marido de Théatre du Corps, interpreta con Derouault a unos personajes escapados de la imaginación de Ionesco que recorren sus obras al mismo tiempo que etapas de su vida.

Las escenas se encadenan sin tiempos muertos y aparece el argumento de obras como “Le Quotidien”, “La cantante calva”, “El porvenir está en los huevos” o “Las sillas” mientras los muebles se “evaporan”, una figura gigante sin cara les rodea y aprisiona, las palabras se convierten en un océano de signos o un ejército de “mini Derouault” se enfrentan al bailarín, entre otros “prodigios”.

Todo sirve, “como nunca antes había sucedido en un escenario”, según Pietragalla, para parodiar el comportamiento del ser humano, los clichés de lo cotidiano y materializar lo surrealista de la existencia.

Fuente: Concha Barrigós / EFE