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Su nombre es Mayté, tiene 10 años, y es tan inocente su amor por Liam, el cantante de la banda One Direction, que con tal de tenerlo cerca está dispuesta a casarlo con su hermana mayor.

“Conmigo no puede porque soy una niña, pero ojalá se le declare a Tania que ya va a la secundaria”, dijo a Efe Mayté, una de las más efusivas entre las centenares de mexicanas que aclamaron por más de cinco horas a los integrantes del grupo.

Viste un pantalón gris con motivos de la banda, lo lleva pegado a su cuerpo diminuto y lo combina con una camiseta blanca que lleva el nombre del cuarteto y una bandera británica.

“Si usted habla con Liam, dígale que lo amo”, le suelta la niña de nariz roma a un periodista a su lado y de paso le sugiere estar disponible si alguien decide regalarle un boleto para el concierto de mañana en el Foro Sol de la Ciudad de México.

La algazara de este miércoles en la capital mexicana no la protagonizaron Liam, Niall, Harry ni Louis, los integrantes de la banda, sino un grupo de adolescentes con vocación de culto, que desde anoche decretaron faltar a la escuela y hoy llegaron temprano al hotel donde se alojan los visitantes.

Algunas llegaron de lejos como Dana Paola, una joven de Hermosillo, ciudad del noroeste de México, que obligó a su padre a traerla a la capital en un viaje costoso por avión, pero que -según su progenitor- valió la pena por ver la felicidad de su hija, quien se contentó con solo imaginar a sus héroes detrás de alguna de las ventanas del hotel.

Varias dieron riendas a la imaginación y llegaron al paroxismo cuando alguna persona se asomó en las habitaciones, sin importar que fuera un impostor, como sucedió con un rubio vestido de azul sin parecido con los artistas.

“Yo debía estar en la escuela”, “Nosotros podríamos hacer el mejor equipo nunca visto” y “Te espero después del descanso”, fueron algunos de los carteles con los que las chicas enviaron mensajes de amor a los integrantes de la agrupación.

Según un concurso mundial organizado por Twitter, México es el país con más seguidores de la banda de pop, lo que se encargaron de demostrar hoy un gran número de adolescentes.

“Mi cartera de One Direction me la trajeron mis tías de Londres, además tengo pulseras. Si me los topara, les susurraría mi amor y le pediría matrimonio a Harry”, comentó Ana, una morena de pelo verde con un vestido con lunares café que se toma en serio su relación inventada con los artistas y dice que sale con ellos desde 2012.

Aunque una estatua invita a las muchachas a que se pongan cerca para evitar el sol, ellas prefieren sufrir sus inclemencias antes que poner en riesgo la posibilidad de ver aparecer a alguno de los cantantes en uno de los balcones.

El fenómeno mediático le sirve también a los vendedores ambulantes, que aprovechan el calor para repartir helado de limón, la pasión para ofrecer plumas, gorras y camisetas y la desesperación para vender boletos, aunque esos solo los negociarán mañana en el Foro Sol, la sede del concierto.

Algunas le dan color a sus historias inventadas y hablan como si hubieran cumplido sus fantasías. Es el caso de Caro, quien agradece que los cantantes se hayan llevado su adolescencia y da la imagen de haber vivido con alguno de ellos su primera experiencia de amor.

“Si me caso con Harry tendré ventaja porque ese es humilde, y sobre todo fiel”, dice la chica de labios carnosos antes de cortar la plática porque una de las ventanas parece moverse y es el mejor pretexto para tener “intimidad” con alguno de sus semidioses.