Los lobos de Gloria Guardia

“El 2 de Enero de 1955 fue asesinado el presidente y hombre fuerte de Panamá, Remón Cantera, Gloria Guardia recrea literariamente ese acontecimiento”.

Ricardo Arturo Ríos Torres


Los lobos de Gloria Guardia

Por Ricardo Richard Ríos Brooks

La novela histórica requiere de un toque mágico, es difícil contar una historia conocida desde una perspectiva inédita. Así lo hizo, Marguerite Yourcenar con Memorias de Adriano y hoy Gloria Guardia con Lobos al anochecer. El título se corresponde con lo sucedido, los lobos tienen un sentido gregario, el cual coincide con el de los seres humanos. En Lobos al anochecer, la familia de los corruptos unen las entretelas de sus malévolos intereses en una “tríada” para asesinar al presidente José Antonio Remón Cantera el 2 de enero de 1955.

El diseño literario de una escritora-escritora, tal como lo es Gloria Guardia conjuga distintos matices y formas que hacen del conjunto narrativo, una obra excepcional.

El suspenso es de desasosiego, la conjura, la ejecución y los resultados se dan en una acción tensa, sutil y sin escrúpulos. La trama cruda y descarnada se desarrolla con un ritmo de múltiples tiempos y voces narrativas que seducen al lector más avezado, por el vigor, energía y aliento de una prosa puntual.

La arquitectura conceptual del relato sobresale por la armonía, líneas analíticas y emotivas que se conjugan en una descripción anímica de cada uno de los personajes y protagonistas principales. Sentimos el nervioso respirar, angustias, sobresaltos, ironías, triunfos y derrotas que los acosan. El pincel enmarca la figura humana en un entorno natural poético y pleno de vida cotidiana. En el momento del magnicidio las balas bailan con trágicos sonidos de muerte y desolación.

El uso de los tiempos simultáneos, al estilo de Jorge Luis Borges, le dan a la narración una fluidez exuberante por los misterios, confidencias y enigmas de los actores que mueven las cuerdas malignas del poder. Allí todo es preciso como en un juego de ajedrez, nada se deja al azar. Gloria Guardia elude las inútiles narraciones que fastidian con nimios detalles. Cada tono y acento de los personajes de contrapunto hacen de la composición literaria una sinfonía de colores y sentimientos que hacen al lector participar en un drama de ambiciones laberínticas.

El erotismo, en las confesiones secretas de Ana Lorena son de antología, es fino, delicado, un torbellino de contradicciones que nos llevan a identificarnos cuando ella nos dice: “que el amor es una sutil cuerda de luz, ¡sempiterno viaje sin orillas!, que amar es conocer una embriaguez desconocida” A contrapelo está Willie Fernández Wagner, el playboy, el astuto Casanova con los artificios, ardides y trampas de Juan Tenorio que le permiten a esa mujer vencer temores ancestrales, deshacerse de sus máscaras al afinar las voces interiores que la animan a volver a nacer y mantener viva la esperanza de ser una mujer liberada de los atavismos que la atan.

Las metáforas son hermosas, profundas en su complejidad filosófica, sobre todo cuando afirma: “El mar, dueño del tiempo y del espacio, la arrulló apacible con aguas antiguas, aguas con memoria en el eco profundo de sus caracoles”

Ana Lorena tiene mucho de las mujeres de El Quijote, la hidalguía de Marcela, la seguridad e inteligencia de Dorotea, la decisión de Zoraida, y es que Gloria es cervantina. Literariamente, Lobos al anochecer, es una novela extraordinaria.

El crimen de Remón lo confronta con un manejo transparente de los testimonios y fuentes documentales. El perfil de “Chichi” Remón, el “yo sí pongo, yo sí quito”, el mandamás de la república de los primos es espectacular. Las intrigas de la Cosa Nostra, la CIA y la Guardia Nacional con sus secuaces de la Coalición Patriótica, en la conspiración para asesinar al excomandante de las Fuerzas Armadas y darle un golpe de estado al vicepresidente José Ramón Guizado tienen la fuerza dramática de Shakespeare o de los clásicos griegos. La historia real supera cualquier ficción y Gloria Guardia con osadía devela las entrañas de un monstruo de tres cabezas. Afortunadamente la autora tuvo como asesor a un protagonista de primera mano de esos infames sucesos, al inefable Richard Brooks que también gritó con Guizado: “¡Carajo, soy inocente!”

Recomendamos la lectura crítica de una novela que traza un hito referencial en la literatura panameña.

Panamá, 14 de marzo de 2006.