Sex and the city: igual glamour con menos humor

Carrie, Samantha, Miranda y Charlotte están de regreso y rodeadas de glamour, de novios y de Nueva York, pero en su versión en la gran pantalla “Sex and the city” pierde frescura y humor y gana en lágrimas y minutos.

Las sexuales, irreverentes y divertidísimas historias de estas cuatro amigas treintañeras -ya cuarentañeras en el filme- supusieron una auténtica revolución para las series de televisión de finales de los noventa, poco dadas al glamour, al lujo y a lo políticamente incorrecto.


Cuando la teleserie se despidió en 2004, tras seis temporadas, quedó lo suficientemente cerrada para satisfacer a sus seguidoras -siempre mayoría de mujeres- pero lo suficientemente abierta para un regreso, que pronto se supo llegaría a través del cine y no de la pequeña pantalla.

Tras muchos rumores de sí o no, la película ha llegado por fin y ha arrasado allí donde ya se ha estrenado.

Y el resultado es más de lo mismo, para satisfacción de sus fans. Eso sí, con menos humor, menos ironía, menos sexo, menos Nueva York, más moda, más amor, más tópicos y más minutos.

Ahí es donde está uno de los principales problemas de la película. Frente a los 30 minutos que duraba cada episodio televisivo, Michael Patrick King -que ya dirigió diez capítulos- se marca una historia de 140 minutos a la que le sobra metraje, drama, y escenarios como Los Ángeles o México, muy lejos de la estética de la serie.

Previsible y lleno de tópicos, el filme se centra en especial en las vidas de Carrie (Sarah Jessica Parker) y Samantha (Kim Cattrall), dejando bastante de lado las de Miranda (Cynthia Nixon) y Charlotte (Kristin Davies) -que habían finalizado la serie ya casadas y asentadas.

En el caso de Carrie, seguimos con el tira y afloja en su relación con Mr. Big (Chris Noth), mientras que Samantha, instalada en Los Ángeles para mayor gloria de su novio actor, Smith (Jason Lewis), se replantea su vida y ofrece los mejores momentos de la película.

El personaje de Samantha reúne en la película todas las características que hicieron de la serie un espectáculo trasgresor y muy divertido -con esa mezcla de sexo, fiestas, noche, lujo y diversión- y se convierte en el bastión del espíritu “Sex and the city”.

A pesar de todo, el filme se ve sin esfuerzo y cuenta con muchos otros elementos añorados por los fanáticos de la serie.

No faltan los “manolos”, los zapatos creados por el español Manolo Blahnik, objeto adorado por Carrie, y que se convierten en un elemento imprescindible de la historia.

La moda. Un sinfín de cambios de vestuario de Carrie, que entre trajes de novia y de otra índole luce más de medio centenar, y que, como es habitual en ella, sabe llevar algunos modelos que en otra personas serían imposibles e incluso rayarían en los grotesco.

Desfiles de “Semana de la moda de Nueva York”, adoración a los bolsos de Luis Vuitton, las famosas comidas de las cuatro chicas, alguna que otra fiesta en locales de super moda, discusiones, rupturas, reconciliaciones, lloros, risas y lluvia, fenómeno meteorológico recurrente en la serie.

Y también está Nueva York, aunque con menos protagonismo que en la pequeña pantalla. Aparecen algunos de los lugares imprescindibles para los neoyorquinos, desde la Biblioteca Pública o el parque Bryant hasta el barrio chino, pasando, especialmente, por el Central Park.

El resultado es una película entretenida, que gustará a las fanáticas -en Estados Unidos el 85% de quienes han visto el filme son mujeres- pero que ni es buena ni pasará a la historia del cine.

Alicia García de Francisco / EFE